EL ESTALLIDO MÁS GRANDE.-
Existen recuerdos que nos dejan marcas. Momentos inigualables que desearíamos volver a vivir. Es por eso que tengo que remontarme once años atrás, allá por el 2006, más precisamente el 23 de Febrero.
Como si hubiese sido ayer, vuelvo a vivir ese día con sensaciones de ansiedad mezclada con nerviosismo, alegría y euforia. Con mis dulces (no tan dulces) 14 años, en plena juventud y rebeldía. Un día de sol con mucho calor, y un mundo de gente por esas calles porteñas desfilando sus flequillos cortados a la perfección, zapatillas de lona llenas de historias que contar – cuanto más rotas y sucias mejor-, morrales repletos de parches, y unas cuantas lenguas rojas marcaban un estilo; todos metidos en esa nube de buena onda, podíamos respirar esos aires de rock n' roll Stone.
El día tan esperado había llegado y ahí estaba yo, subiendo las interminables escaleras del inmenso y tan amado, para mí, Estadio Monumental, recordando aquel día cero en que soñé que ese momento que estaba viviendo se hiciera realidad. Llegué, era verdad, y tras un sentido suspiro que me hizo agradecer todo el gran sacrificio que hice para comprar la bendita entrada, no pude contener mis lágrimas de alegría.
La tarde iba cayendo en Núñez, mientras se podía ver llegar grupos de adolescentes, familias, todo tipo de generaciones que cubrían esa inmensidad de estadio, todos con un mismo fin, verlos a ellos.
Pasamos por el 1, 2, 3, 4 de ese chico común con su rock cuadrado del viejo, adentrándonos por esas ¨pelotas¨ que siempre nos dejan tanto que hablar, para finalizar en un ritual Piojoso de la mano de Ciro y su farolito que nos hizo sacudir hasta despegar los pies del suelo Riverplatense.
Y era la hora pautada, meses de espera habían terminado. Recuerdo mis palpitaciones a mil por hora esperando ver lo máximo que podría ver jamás en mi vida. Se apagaron las luces y se sintió como la marea de gente, sin caber si quiera un alfiler de más, nos deslizo de un empujón en bloque hacia adelante, y comenzó el show. Luego de ese gran estallido, recuerdo como si lo estuviese escuchando en mis oídos en este preciso momento al ¨saltarín Jack¨ y sus primeros acordes; con ustedes Sus Majestades Satánicas, The Rolling Stones... lo estaba viviendo, era cierto.
Bajo una escasa cortina de lluvia nos pasearon por toda su historia recorriendo sus inicios, sin olvidarse de los tan ansiados hits y ese Brown Sugar haciéndonos sentir vivos, regalándonos un instante de felicidad plena. Pero todo lo que comienza tiene un fin y con el ¨I can´t get no satisfaction¨ nos estaban haciendo saber que la hora de volver a casa había llegado.
Lo que puedo decir de ese inolvidable viaje es que conservo los mejores recuerdos en mi inconsciente que jamás voy a poder borrar por más que lo intente; que no hay edad para sentirse joven, y que cuento los días, meses, años para que ese día por fin se repita.
Que sigan rodando las piedras del Rock!

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